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Falta de deseo en la pareja: Qué nos pasa y cómo podemos trabajarlo


Es la consulta número uno. A menudo llegan personas con una sensación de falla interna, diciendo: "Tomás, antes no podíamos quitarnos las manos de encima y ahora preferimos ver una serie o dormir". Lo primero que trabajamos es entender que el deseo no es un motor que se rompe, sino una dinámica que se transforma.


Como dice el libro Deseo de Platanomelón: “Solo cuando el deseo sexual se percibe como un problema en la pareja realmente se convierte en uno”. Esto sucede, en gran medida, porque “el hecho de guiarnos por expectativas sociales puede llevarnos automáticamente a sentir incomodidad con nuestra sexualidad”.


El objetivo de este artículo es que comprendas que, para conectarnos mejor con nuestra sexualidad, debemos dejar de lado la idea de "rendir" y empezar a comprender cómo funciona nuestra mente.



La mente: el escenario donde nace (o muere) el deseo


Aunque generalmente asociamos el placer a lo físico, nuestro instrumento más potente cuando se trata del erotismo y el deseo sexual es nuestro cerebro. Nuestra mente tiene una capacidad creativa ilimitada: puede recordarnos ese fin de semana de hace tres años o construir una fantasía que jamás existió. Nos puede llevar a donde queramos; de hecho, muchas veces las imágenes o personas que se nos pueden venir a la mente puede que ni siquiera existan en la realidad.


Lo anterior es extremadamente importante para entender el deseo sexual, porque ese mundo interior (nuestra imaginación) es tan personal y único como la persona que lo habita. Surge a partir de nuestra historia: la manera en que nos hemos enfrentado y relacionado con situaciones y experiencias, lo que hemos probado o no, a lo que nos hemos expuesto o no, etc. Esto no solo subraya lo importante que es comprender que cada persona tiene gustos y necesidades distintas, sino que, además, es la razón por la cual es imposible medir o estandarizar el deseo sexual. De ahí que no puede existir un deseo sexual "normal", ya que está sostenido por la realidad subjetiva de cada individuo.


Sin embargo, por estas mismas razones, la mente también puede ser nuestra peor enemiga. ¿Te ha pasado que estás en medio de un momento íntimo y de pronto piensas en los correos que no respondiste o en si el resto de la familia se despertará? En ese instante, tu cerebro "apaga" el cuerpo porque detecta una alerta, no un espacio de juego. El deseo es un mundo privado; depende de lo que tú, y nadie más que tú, hayas erotizado a lo largo de tu vida.


Pero así como nuestra mente puede activar alarmas, también tiene la asombrosa capacidad de reaprender a habitar el placer. Entender que el deseo no es un interruptor mágico que se rompe, sino un ecosistema que podemos cultivar, es el primer paso para quitarle peso a la frustración. No se trata de obligar al cuerpo a reaccionar, sino de volver a crear las condiciones de seguridad y juego donde tu mente se sienta invitada, y no presionada, a participar.



Deseo espontáneo vs. Reactivo: El mito de la "chispa"


Para trabajar en ese "ecosistema", es vital identificar desde dónde nace tu deseo hoy. No todas las personas sentimos de la misma manera ni en los mismos momentos. En este sentido, en sexología distinguimos dos formas principales en las que nuestra mente y cuerpo se "encienden":


Deseo espontáneo: La "chispa" que aparece sin previo aviso


Surge como un impulso interno. No necesitas que pase nada en particular; de pronto, sientes ganas.


  • Ejemplo cotidiano: Estás cocinando, trabajando o simplemente caminando, y de la nada te cruza una imagen erótica o una sensación física que te genera el deseo de tener relaciones (con alguien más o contigo mismo/a). Es como cuando estamos mirando televisión o estamos en el computador y sentimos hambre sin haber pensado en nada relacionado a comida; simplemente aparece.


  • Lo que debes saber: Es común al inicio de las relaciones o en vacaciones. Está muy influenciado por factores biológicos (hormonas), nuestros hábitos (sueño, alimentación, ejercicio) y nuestro estado de ánimo (estrés, procesos de duelo, ansiedad). Si no has dormido bien, si estás bajo mucho estrés o si tus hormonas están fluctuando, es el primero en desaparecer.


Deseo reactivo: El deseo que se construye en el encuentro


Aquí ocurre la mayor confusión. El deseo reactivo no aparece "antes" de la acción, sino en respuesta a un estímulo. Es decir, puedes empezar un encuentro sintiéndote en un estado "neutral" o con cansancio, pero a medida que hay caricias, palabras o un ambiente sugerente, tu cuerpo y mente empiezan a reaccionar y el deseo aparece.


  • La importancia del autoconocimiento: A pesar de que hoy nos llueve información sexual (películas, redes sociales, expectativas), lo que realmente nos genera deseo es profundamente individual. Depende de tu historia, tus experiencias y lo que tú has decidido erotizar. Por eso, algo que me excita a mí puede no generarle nada a otra persona.


  • El riesgo de asumir: Muchas veces, por asumir desde nuestra propia interpretación del placer, podemos hacer algo que —sin querer— genere todo lo contrario en la otra persona. No podemos dar por sentado que lo que nos gusta a nosotros es lo que la pareja necesita.


  • Ejemplo c

    otidiano: Tu pareja intenta iniciar un acercamiento con un tipo de caricia que vio en una película o que leyó que "siempre funciona". Pero para ti, en ese momento de cansancio, esa caricia se siente invasiva o desconectada de tu ritmo. El deseo no aparece, no porque no haya amor, sino porque el estímulo no coincide con tu mapa personal de placer.


Lo que debes saber: Entender el deseo reactivo requiere curiosidad por uno mismo y por el otro. En las relaciones, este es uno de los motores principales. Quita una presión enorme entender que no necesitas "tener ganas" para empezar, necesitas estar dispuesto/a a explorar qué estímulos sí conectan con tu realidad hoy.



La trampa de la "normalidad" y la sintonía


Es completamente normal (y hasta saludable) que una persona sienta menos deseo que la otra. Pensar que dos adultos coincidirán siempre en tiempo, forma y frecuencia es una idea irrealista que solo genera frustración.


Piénsalo así: en una pareja, a alguien puede encantarle salir de fiesta y compartir con gente, mientras que la otra persona prefiere quedarse en casa y ver películas. Nadie juzga a quien prefiere las películas como alguien "enfermo/a" o "roto/a"; simplemente tienen ritmos distintos. En lo sexual pasa lo mismo. El malestar no nace de la diferencia de ritmo, sino de la comparación con un estándar que no existe.



Deseo vs. Atracción: "Te amo, pero no tengo ganas"


Este es el punto donde más parejas se quiebran innecesariamente. Muchos asumen que: "Si no tiene deseo, es porque ya no le gusto". No siempre es así. La atracción es lo que hace que tu pareja te parezca una persona valiosa, sexy o inteligente; es lo que te orienta hacia ella. El deseo, en cambio, es situacional y depende de mil factores externos (estrés, cansancio, ciclo menstrual). Puedes sentir una atracción profunda por tu pareja y, aun así, tener el deseo en "modo ahorro". No estar en sintonía hoy no significa que el amor o la atracción se hayan terminado.



El deseo como un músculo (que no busca trofeos)


Tal como debemos entender que nuestro deseo fluctúa a lo largo de nuestra vida (por minutos, días o años), es importante saber que el deseo es algo que se puede trabajar y entrenar. Sin embargo, aquí es donde debemos ser cuidadosos con el enfoque: entrenar nuestra sexualidad no es como ir al gimnasio para "rendir" mejor o cumplir con una expectativa social. Al contrario, la autoexigencia es el antídoto del placer.


Entrenamos el deseo —especialmente el reactivo— simplemente para conectar mejor con nosotros mismos y con nuestro vínculo. No buscamos un resultado medible, sino volver a habilitar ese "espacio de juego" donde la mente se siente segura. Se trata de invitar al placer, no de exigirlo.



¿Sientes que la presión le ha ganado al deseo?


Entender estos procesos es el primer paso para aliviar la carga, pero a veces necesitamos herramientas específicas para nuestro mapa personal de placer. Si sientes que la falta de sintonía o el silencio se han vuelto una barrera en tu relación, te invito a que me escribas.


Mi objetivo es acompañarte a construir una sexualidad sin tabúes, donde la comprensión reemplace a la exigencia. Puedes consultarme directamente por WhatsApp para que conversemos sobre tu situación y veamos cómo empezar a trabajar juntos en recuperar ese espacio de conexión.




 
 
 

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